
En este estudio descriptivo transversal se han examinado diversos aspectos relacionados con el estrés en la infancia durante la hospitalización en una muestra de 85 niños y sus correspondientes 85 padres, durante estancias breves en dos centros hospitalarios. Nuestra investigación ha intentado constatar la importancia mediadora de diversas variables de índole personal y familiar: la edad infantil, la valoración paterna de los miedos infantiles, la presencia de experiencias de hospitalización y la valoración cualitativa de éstas. Se han hallado evidencias de una menor presencia de estrés en los niños de más edad, así como de la transmisión de emociones entre padres e hijos durante la hospitalización. En nuestro estudio no se han encontrado diferencias significativas en estrés por hospitalización, ni en relación con la presencia o no de experiencias previas, ni en función de la valoración cualitativa de las mismas. El estudio de miedos específicos ha señalado el miedo al daño corporal y el miedo a la muerte como los más generadores de estrés. La afectación y la percepción mutua de alteraciones emocionales podrían generar una mayor presencia de miedo y estrés en padres e hijos.
Introducción
En la infancia, de forma similar a lo contrastado en otras franjas evolutivas, la valoración del impacto, así como el afrontamiento de acontecimientos estresantes, parece diferir en función de una amplia gama de variables y circunstancias (Méndez-Carrillo, Orgilés-Amorós y Espada-Sánchez, 2004; Sandín, 2003;Valencia-García y Andrade- Palos, 2005). Una de las situaciones que ha merecido la atención de los investigadores en este ámbito desde hace ya algún tiempo ha sido la hospitalización y sus posibles consecuencias estresantes, tanto en la infancia (López-Naranjo y Fernández-Castillo, 2004; Méndez y Ortigosa, 1997; Small, 2002) como en adultos (Hughes, 2001).
Diversas investigaciones se han centrado en el estudio del contexto hospitalario y la hospitalización infantil como un ámbito donde el estrés en sus diferentes vertientes puede ser observado. La hospitalización representa una situación donde el sujeto percibe un incremento de su propia vulnerabilidad, al tiempo que se da la presencia de gran cantidad de estímulos estresantes e incluso amenazantes de la propia integridad física. A tenor de diferentes investigaciones, resulta en ocasiones difícil separar el estrés derivado de la enfermedad del que genera la propia hospitalización y las circunstancias asociadas a ella (Serras, 2002), más aún si consideramos la gran diversidad de fuentes de estrés posibles (Sandín, 2003). A lo largo de estas experiencias pueden analizarse los efectos de factores específicos que podrían influir en el proceso y que funcionarían como estresores. Entre ellos (Aho y Erickson, 1985; López-Naranjo y Fernández-Castillo, 2004; Quiles, Ortigosa, Méndez y Pedroche, 2000), variables tales como la edad o el sexo del paciente pediátrico, la duración del ingreso, la presencia de miedos ante las pruebas médicas, la presencia de experiencias previas o la comprensión del contecimiento por parte del sujeto, han sido algunas de las más estudiadas.
Según diversos autores, la hospitalización podría provocar en los más pequeños inquietud y ritmos alterados, llantos, problemas con las comidas, conductas regresivas, ansiedad de separación; mientras que en niños de edad preescolar y escolar puede producir tristeza y depresión como síntomas más generalizados (Del Barrio y Mestre,1989). Posiblemente, gran parte de estas reacciones podrían deberse al miedo (Méndez, Inglés Saura, Hidalgo Montesinos, García-Fernández y Quiles Sebastián, 2003; Pérez Grande, 2000). El estudio de miedos específicos (Pelechano, 1981, 1984; Valiente, Sandín, Chorot y Tabar, 2003) nos induce a pensar que los miedos a sufrir daños físicos y corporales, a los lugares cerrados, al peligro o la muerte, o los relacionados con la enfermedad, podrían estar asociados con mayor intensidad al estrés infantil por hospitalización.
Para Quiles et al. (2000), en la adolescencia los miedos más relevantes serían el propio miedo a la estancia hospitalaria, el miedo a los procedimientos médicos (inyecciones, dolor, entre otros) y el miedo a la enfermedad y sus posibles repercusiones.
Según Valiente et al. (2003), el miedo al peligro y a la muerte es una de las categorías más comunes, incluyéndose en ella el miedo a una enfermedad grave como uno de los cinco tipos más frecuentes en la infancia y la adolescencia.
La aplicación de procedimientos médicos percibidos como amenazantes, dolorosos o peligrosos, unida al propio malestar causado por la enfermedad, podrían originar consecuencias inmediatas durante el tiempo de estancia en el hospital, así como después de la misma. Algunas de estas manifestaciones, además de estrés, incluirían pesadillas, trastornos de sueño, cambios de conducta o temores y miedos (Trianes, 2002).
Existen evidencias de que los niños pequeños (entre 6 meses y 4 años de edad) con varias estancias hospitalarias, están en riesgo de presentar problemas de conducta y dificultades de aprendizaje en la edad escolar y la adolescencia. Además, existe riesgo de alteraciones emocionales debidas a las hospitalizaciones repetidas en la infancia (Trianes, 2002).
Los progenitores pueden entender la enfermedad y la hospitalización de un hijo de diversas formas: como un cambio, un enemigo que invade el cuerpo del niño, un castigo por una falta cometida, un signo de debilidad o fallo personal, evitación de la escuela por parte del niño, una estrategia de captación de afecto o atención, una pérdida irreparable o disfuncionalidad irreversible o, incluso, como una oportunidad para el crecimiento moral y el desarrollo personal (Trianes, 2002). La percepción de estrés en la infancia podría estar estrechamente afectada por estados de alteración emocional en los padres. En general, se considera positiva la presencia de los padres junto al niño hospitalizado, aunque en ocasiones conlleve ciertos inconvenientes (López de Dicastillo y Cheung, 2004). En este sentido, la percepción de miedo, ansiedad o estrés en los padres, podría estar vinculada a la aparición de estas sensaciones en sus hijos. La afectación mutua nos conduce a pensar en la importancia de la transmisión de emociones en la adaptación a las circunstancias amenazantes y estresantes inherentes a la hospitalización. Las repercusiones que sufren los padres por la hospitalización de un hijo pueden incluir ansiedad, temores, indefensión, alteración del ritmo de trabajo normal y, en general, de la vida diaria (Fernández-Castillo y López-Naranjo, 2006; Ochoa y Polaino-Lorente, 1999; Polaino-Lorente, Repáraz Abaitua y Ochoa Linacero, 1997).
Todas estas circunstancias podrían influir sobre la propia respuesta adaptativa del niño o su estado de temor y estrés, el cual, a su vez, incrementaría potencialmente la alteración paterna, derivando en un proceso de transmisión mutua de emociones negativas.
En referencia a los estresores hospitalarios, derivados del problema de salud que ha motivado el ingreso del paciente pediátrico, destacan entre otros los relacionados con la enfermedad, el dolor y sobre todo el riesgo a la muerte como una amenaza latente, consecuencia de una potencial complicación de la dolencia (Méndez y Ortigosa, 1997). La duración de la estancia en el hospital podría tener una gran importancia. Una hospitalización media de más de una semana o repetidas readmisiones de pequeña duración podrían asociarse con un considerable aumento de las alteraciones conductuales del paciente pediátrico y con un aumento de su estrés y el de sus padres (Lizasoáin y Polaino-Lorente, 1992). En la actualidad, las actuaciones hospitalarias persiguen la mínima estancia hospitalaria posible. De hecho, según el Instituto Nacional de Estadística (2003), la estancia media de un paciente pediátrico hospitalizado es de cinco días.
En relación a las hospitalizaciones previas, se ha observado que los pacientes
hospitalizados por primera vez podrían presentar mayores niveles de estrés e incluso mayores alteraciones emocionales, en general, que aquellos hospitalizados previamente con cierta frecuencia (Lizasoáin y Polaino-Lorente, 1992). Algo semejante señalan otros autores de forma específica con respecto a la ansiedad y el miedo a la hospitalización cuando no han existido intervenciones quirúrgicas y estancias hospitalarias previas (Quiles et al., 2000); en estos casos, también los niveles encontrados serían mayores en comparación con los de aquellos que cuentan con experiencias anteriores.
Sin embargo, y dado que otros autores han señalado la tendencia inversa, apuntando una sensibilización y una mayor afectación emocional negativa a mayor número de experiencias (Melamed, Dearborn y Hermecz, 1983), parecen cobrar relevancia aspectos cualitativos de la experiencia previa de hospitalización. En ese sentido, cuando la experiencia previa ha sido negativa los niveles de estrés aumentan significativamente con respecto a los de aquellos pacientes sin ninguna experiencia anterior (Bolig, Brown y Kuo, 1992). Estos datos inducen a pensar en un efecto de paulatina habituación, así como en un mejor afrontamiento de la situación de hospitalización conforme las experiencias van siendo más numerosas, aunque con matices y siempre que la experiencia no sea valorada o vivenciada como negativa.
El objetivo general de este estudio descriptivo transversal (Montero y León, 2005)
es contrastar el papel que ciertas características del paciente pediátrico podrían desempeñar en la apreciación de estrés infantil durante la hospitalización. Entre los factores moduladores que pueden estar implicados, vamos a examinar la edad del niño, los principales miedos detectados por los progenitores en sus hijos, la duración de la estancia y las valoraciones de las experiencias previas, cuando existen. Para la redacción de este trabajo se han tomado como referente las directrices propuestas por Ramos- Álvarez y Catena (2004). De forma más específica y en relación con la edad, estudiaremos si esta variable puede relacionarse con variaciones en el padecimiento de estrés durante la hospitalización en la infancia.
En segundo lugar, nos centraremos en el estudio de los miedos infantiles y su
relación con el estrés durante la estancia en el hospital. La sensación de amenaza ante la permanencia en un contexto extraño puede manifestarse en miedo por parte del sujeto. En este punto, tres son las novedades que implica nuestro planteamiento: a) intentaremos valorar en qué medida la percepción general de amenaza y miedo se asocian con el estrés durante la hospitalización; b) el análisis de distintos tipos de miedos nos permitirá discernir cuales de ellos pueden asociarse con mayor intensidad al estrés infantil durante la estancia hospitalaria; c) nuestra investigación estima en todo momento la percepción de miedo a través de los progenitores de los niños ingresados, entendiéndose que esta perspectiva nos aproxima a una visión externa del miedo infantil; pero, sobre todo, este abordaje nos permitirá detectar en qué medida el miedo percibido por los padres en sus hijos podría relacionarse con el estrés que éstos expresan y, por tanto, poner de manifiesto una afectación emocional mutua o transmisión de emociones entre padres e hijos durante la hospitalización.
Por último, nos parece interesante indagar en qué medida la duración de la estancia
hospitalaria, así como la presencia de hospitalizaciones previas y la valoración de las mismas, puede asociarse a la presencia de estrés en niños hospitalizados.
Fuente: © International Journal of Clinical and Health Psychology ISSN 1697-2600
2006, Vol. 6, Nº 3, pp. 631-645. Autores: Antonio Fernández-Castillo (Universidad de Granada, España) e Isabel López-Naranjo (Hospital Comarcal de Antequera, España)
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